La linterna sin pilas

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Si uno pierde el sentido de  la orientación en una cueva es imprescindible mantener la calma y llevar una buena linterna que al menos guie sus pasos. Otra cuestión será poder encontrar la luz al final del túnel con o sin ayuda.

Cuando leo las medidas que el Gobierno ha tomado estos días en su lucha contra la crisis, traducidas en una subida del IVA y una ración de recortes, me siento perplejo, como en una gruta y sin luz, pero tomo mis medidas. La semana próxima me cortaré el pelo y advertiré a mi peluquero que a partir de entonces me dejeré una melena  hasta el tobillo, aun a riesgo de que me tomen por un hippy irredento. Como los productos de higiene también se verán afectados, me ducharé tan sólo una vez por semana, a ver si mis allegados aguantan el pestazo.

No compraré flores para mi mujer ni en su cumpleaños ni en el aniversario de boda, me limitaré a recoger margaritas en los parques o si se pone difícil pintaré sobre un papel  reciclado un ramo de flores con lápices de colores (si éstos suben lo haré con un carboncillo que tengo guardado de mi época escolar). Como el transporte no se librará del sablazo  llevaré a mi hijo a hombros hasta el  colegio, total sólo son tres kilómetros.

En caso de palmarla ya he dictado mis últimas voluntades: nada de esquelas, que avisen de mi óbito por WhatsApp, que es gratis. Si la diño en verano, estupendo, que me arrojen a uno de los innumerables incendios que asolan nuestro país, y si es a finales de junio que esperen a la noche de San Juan y ¡a la hoguera!

Es para tomárselo  a broma aunque maldita la gracia. La subida del IVA no sólo va a afectar a funerarias, floristerías o peluquerías, sino que el palo va a ser general. Me gustaría saber como piensa el Gobierno atajar la sangría del paro porque reducirla se me antoja imposible. El recorte de sueldo a los funcionarios y de prestaciones a los parados parece haberse hecho en base a criterios de sospecha permanente de vagancia y fraude. No soy tan iluso para saber que en ambos colectivos hay personal infumable, pero el cafe para todos es injusto.

Me pregunto por qué no se ha establecido un impuesto a quienes más tienen, como se ha hecho en Francia; a quienes se lucran con operaciones financieras especulativas o por qué la Iglesia no apoquina lo que le corresponde, y no soporto que el Congreso de los diputados parezca en muchas ocasiones una taberna de tercera donde se grita ” que se jodan” (y me da igual que se dirijan a los parados, a la oposición o a la madre que lo parió). Se supone que sus señorías trabajan para sacarnos de este embrollo. Vamos listos.

Menos mal que para salir de esta cueva tengo una linterna, pero… ¡maldición, subieron el precio y no compré las pilas!

 

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