“La fractura”, un caleidoscopio de Occidente (1918-1938)

Contar la Historia, con mayúsculas, del período de entreguerras (1918-1938) puede hacerse de una manera sesuda, documentada, académica, y por supuesto con diferentes enfoques. El periodista, escritor y traductor alemán Philipp Blom (Hamburgo 1970) aborda este período en un ensayo que lleva por título La fractura, publicado por Anagrama y constituye un relato ameno y sorprendente que descansa en un conjunto de micro historias, con minúscula, que engarzan hechos acontecidos a ambos lados del Atlántico en campos tan variados como la música popular, las secuelas de la Primera Guerra Mundial, episodios de la guerra civil rusa, los descubrimientos astronómicos de aquel período o la crisis económica, política y social que abocaron a la 2ª Guerra Mundial.

Philipp Blom nos introduce en  su relato de una manera sorprendente, con la grabación que la cantante Mamie Smith  hizo de la canción Crazy Blues en agosto de 1920, cuyo éxito hizo que el blues y el jazz rompieran barreras culturales y fueran aceptados: ” la voz de los de abajo llegó a los salones de las clases media y alta y fueron los jóvenes en particular quienes sintieron que también se hablaba de ellos”.

Las terribles secuelas de la Gran Guerra, los miles de heridos y lisiados que dejó en Europa  el conflicto, personalizado en quienes padecieron “neurosis de guerra”, es el inicio  del recorrido histórico que plasma Blom en su obra, pero salta de hechos históricos a historias menudas protagonizadas por agentes que tuvieron influencia en aquellos años. Desde personajes como Gabrielle D’ Annunzio, Mussolini o Hitler; las revueltas antirracistas ante el auge del Ku Klus Klan,  la implantación de la Ley Seca en Estados Unidos o  la Guerra Civil Española.

La cultura y algunos nombres propios también abundan en este ensayo: los artistas del parisino Montmartre, del Berlín del Bahuaus;  Scott y Zelda Fitzgerald, Hemingway, Dos Passos, Picasso, Fritz Lang y su obra Metrópolis, la debutante Marlene Dietrich en el Ángel Azul, André Bretón y los surrealistas, por mencionar algunos. Conmueve el relato, en el  epílogo, dedicado a la grabación del concierto que la Filarmónica de Viena hizo en enero de 1938 de la novena sinfonía de Gutav Malher, dirigida por su discípulo Bruno Walter, cuando el compositor, ya fallecido en aquella fecha, era considerado “un producto de la decadencia judía”. El régimen de Hitler se anexionaría Austria pocas semanas después, la Segunda Guerra Mundial estaba a la vuelta de la esquina.

La fractura concluye con una reflexión del autor sobre aspectos del período recorrido en el libro y la tentación de hacer paralelismos con la actualidad que califica de “muchas veces engañosos”; mientras en el análisis que llega hasta nuestros días, estima que “a finales de los años 70 y en los 80 es cuando  se empezaron a gestionarse nuestras sociedades como si fueran empresas y  en Occidente la idea de mercado pasó a ser la causa ideológica de muchos”. En esas estamos.

 

 

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