Se puede comprar una emoción

La primera vez que oí nombrar al grupo Steely Dan fue a mediados de los 70 en una tienda de discos de Bilbao ubicada en la calle Gordóniz -creo recordar- y cuyos responsables no se habían devanado la sesera, porque el nombre del local era “La Tienda”. En aquellos tiempos comprar un disco, un LP como decíamos, tenía su liturgia. Primero había que reunir las 300 o 400 pesetas que costaba el disco, cantidad que para un estudiante no era nada despreciable. Luego venía lo peor: elegir entre la oferta musical, había que desechar muchas opciones por apetecibles que fueran y quedarse con un sólo ejemplar. ¡Qué dilema!

Menos mal que entonces adquirir un disco tenía todo un ritual, al menos en mi caso. Podías pasaste un buen tiempo mirando los LP´s y además podías pedir que te los pusieran un rato para ver que tal sonaba el último de  Pink Floyd, Rolling Stones, Frank Zappa, Miles Davis, o Serrat si era el caso. Si no abusabas y el humor del vendedor era razonable podías pasar media tarde hasta comprar tu disco o no, y volvías unos días más tarde después de mucho pensártelo.

El caso es que estaba en una de esas, es decir en “La Tienda” y pensando que LP compraba con el dinero que me quemaba ya en el bolsillo, cuando entró en el establecimiento un joven con posibles (mayor que yo y con pinta de tener pasta) y preguntó ansioso al dueño del establecimiento si le había traído los discos de Steely Dan que  había encargado. Yo entendí Steeley Span, que era lo único que me sonaba, un grupo de folk rock británico que no eran precisamente plato de mi gusto. Con los discos en la mano “Can´t buy  thrill”   y  “Countdown to Ecstasy” el afortunado comprador me miró y dijo “es lo mejor que he escuchado en años” y se fue por la puerta más feliz que unas pascuas.

El caso es que me quedé mosqueado y pregunté al dueño de la tienda por esos ” Steely Dan” de los que no había oído hablar en mi vida y para sacarme de  dudas colocó en el plato del tocadiscos un ejemplar del “Can´t Buy a thrill” (No se puede comprar una emoción). Al escuchar el primero de los cortes, la canción ” Do It again”  quedé estupefacto. Y aún sigo, claro. Tras escuchar el LP casi entero, lo compré  y aún lo tengo, como toda la discográfía del grupo que formaron Walter Becker y Donald Fagen.

Aquello sonaba distinto a todo los grupos de rock que había escuchado, no había solos de guitarra aguerridos, ni de batería, ni voces espectaculares. Era una música compacta, brillante, donde todos los instrumentos estaban perfectamente ensamblados, sonaban sencillamente distintos. La portada me pareció horrible – me lo sigue pareciendo- pero la música, era indescriptiblemente bella.

Allí comenzó mi idilio con este par de frikies a los que no he dejado de escuchar y recomendar durante casi cuarenta años. Cada vez que adquiría uno de sus discos era una fiesta y por supuesto los escuchaba  una y otra vez, apreciando matices, y su sonido que era una mezcla de pop, rock con toques de jazz y soul o música latina.

A lo largo de los años han sido muchos los grupos y cantantes que en mi discoteca han quedado relegados, bien por cansancio o por estilos que me dejaban frío con el paso del tiempo, pero estos tipos han mantenido siempre un lugar preferente en mis ratos dedicados a la música.

A pesar del tiempo transcurrido recuerdo donde compré sus discos, cuales me gustaron más o menos, o el disgusto cuando anunciaron su separación a comienzo de los años 80. Menos mal que tuvieron el buen gusto de volver a grabar y regresar a los escenarios a principios de los 90. Y menos mal que, mientras tanto, Donal Fagen grabó algunos discos memorables como   The Nigthlfy o Kamakiriad.

Me  entristece mucho la  repentina muerte de Walter Becker, el pasado día 3 de septiembre y lo siento también porque siempre soñé que algún día se dejarían caer por España y podría asistir a uno de sus conciertos, pero no va a ser posible. Donald Fagen ha comentado que seguirá con el legado de su amigo y colega musical y continuará con la banda.

Me consuelo escuchando algunas joyas de su discografía, canciones como “Deacon Blues”, “Kid Charlemagne”, “Hey Nineteen”, “Peg”, “Josie”, Rikkie don´t lose that number”,” Only a fool would say that” y tantas otras.

Gracias por tanta música Mr. Walter Becker.

 

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